Especialistas señalan que romper el silencio es fundamental para garantizar atención psicológica y legal a las víctimas sin vulnerar su integridad.
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La violencia s3xual contra los hombres en México es una problemática existente pero escasamente discutida en el espacio público. A diferencia de la violencia sexual contra las mujeres —que ha logrado mayor visibilidad social y mediática—, las agresiones sexuales hacia varones suelen permanecer ocultas, en gran medida por estigmas culturales y estereotipos de género profundamente arraigados. Sin embargo, los datos oficiales revelan que se trata de un fenómeno significativo que requiere atención urgente.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el último semestre de 2022, un millón 836 mil 843 hombres mayores de 18 años enfrentaron algún tipo de violencia sexual. Estas cifras incluyen conductas como acoso, intimidación, piropos ofensivos, tocamientos sin consentimiento, exhibicionismo, intentos de violación y violación. Tan solo entre julio y diciembre de ese año, se estima que diariamente 10 mil 204 hombres fueron víctimas de agresiones sexuales, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU).
En el primer semestre de 2024, la ENSU reportó que 8.5 % de los hombres de 18 años y más en zonas urbanas sufrió algún tipo de violencia sexual o acoso en espacios públicos. Esta cifra representa un aumento con respecto al segundo semestre de 2023, cuando se registró un 7.8 %, lo que evidencia una tendencia al alza.
Aunque el porcentaje es menor al pico alcanzado en 2019 (10.1 %), especialistas y activistas advierten que la reducción no necesariamente implica menos violencia, sino que muchos casos continúan sin denunciarse.

La invisibilidad de la violencia sexual contra los hombres tiene múltiples causas. En primer lugar, la construcción social de la masculinidad asocia al varón con la fortaleza, el control y la virilidad, lo que provoca que muchos hombres sientan vergüenza, miedo o culpa al reconocerse como víctimas.
A ello se suma la falta de educación sexual integral y de campañas de sensibilización que incluyan explícitamente a los hombres como posibles víctimas. Los estereotipos de género, la homofobia y la normalización de ciertas agresiones también contribuyen a que estas experiencias se minimicen o se perciban como “parte de la vida cotidiana”.
Las consecuencias de la violencia sexual en los hombres pueden ser profundas. Diversos estudios y testimonios señalan efectos emocionales y psicológicos como depresión, ansiedad, estrés postraumático, aislamiento social y dificultades para establecer relaciones personales. La falta de denuncia y de atención especializada perpetúa el ciclo de violencia y agrava los daños, al no permitir que las víctimas accedan a apoyo psicológico, médico y legal oportuno.
De acuerdo con una publicación de la Gaceta CCH de la UNAM, organizaciones civiles como Corazones Mágicos y Hombres por la Equidad han trabajado para visibilizar esta problemática y ofrecer acompañamiento a hombres que han sufrido violencia sexual. Estas iniciativas buscan romper el silencio, cuestionar los mandatos tradicionales de la masculinidad y promover una cultura de denuncia y apoyo.

Por su parte, el gobierno mexicano ha implementado planes y protocolos para prevenir y atender la violencia sexual, así como campañas de concientización; no obstante, especialistas coinciden en que aún falta incorporar de manera explícita a los hombres en las políticas públicas de atención.
Académicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) han subrayado que la violencia sexual no es exclusiva de las mujeres y que los hombres también padecen este tipo de agresiones, muchas veces ejercidas por otros hombres.
Señalan que en espacios como universidades es indispensable fortalecer la reflexión, la atención psicológica y la orientación educativa, especialmente entre jóvenes que enfrentan depresión y ansiedad y no siempre cuentan con herramientas para identificar o expresar su malestar.
Reconocer la violencia sexual contra los hombres no implica restar importancia a la violencia que viven las mujeres, sino ampliar la comprensión del problema y avanzar hacia una atención integral. Visibilizar, educar y generar espacios seguros de apoyo es un paso fundamental para romper el silencio y garantizar el derecho de todas las personas a vivir libres de violencia.


