En una noche de drama, tormenta y entrega absoluta, el representativo nacional cayó 2-3 en los octavos de final, despidiéndose con la frente en alto del Coloso de Santa Úrsula.
El fútbol, en su faceta más pura, hermosa y profundamente cruel, dictó sentencia en una noche que quedará grabada en el alma de millones. El misticismo de un escenario indomable y el anhelo de todo un país chocaron de frente contra el destino.
En un imponente y pasional Estadio Azteca que rugió hasta el último suspiro, la Selección Mexicana se despidió con el corazón roto de su Copa del Mundo 2026, tras caer con un honorable pero doloroso 2-3 ante el selectivo de Inglaterra en la instancia de octavos de final.
La épica batalla comenzó desafiando a los elementos. Una intensa tormenta eléctrica acompañada de granizo sobre el sur de la capital obligó a la FIFA a retrasar el silbatazo inicial por una hora.
Lejos de apagar el fervor, la espera transformó al Coloso de Santa Úrsula en un auténtico caldero de ilusiones; más de 80 mil almas entonaron un himno nacional que estremeció los cimientos del balompié y demostró que la fe azteca estaba más viva que nunca.
Sobre la cancha, la estrategia de Javier «Vasco» Aguirre apostó por el orgullo, la garra y el talento emergente de Gilberto Mora para contener el arsenal británico comandado por Thomas Tuchel.
A pesar de que la escuadra mexicana derrochó coraje, dominó grandes lapsos del encuentro y luchó con superioridad numérica en el tramo final, la contundencia inglesa apagó el sueño. El silbatazo final desató un diluvio de lágrimas en las tribunas, pero también un aplauso unánime de una afición que vio a sus guerreros caer de pie, entregándolo absolutamente todo por la camiseta.
Fuente: Federación Mexicana de Fútbol y Corresponsales en el Estadio Azteca | © Redacción NoticiasPV









