Durante una sesión solemne de Ayuntamiento, autoridades municipales recordaron el origen y la transformación de uno de los espacios naturales, históricos y culturales más representativos de Puerto Vallarta.
Puerto Vallarta, Jalisco.— El Gobierno Municipal conmemoró los cien años de la formación de la Isla del Río Cuale, un espacio estrechamente vinculado con la historia, el desarrollo urbano y la identidad colectiva de Puerto Vallarta.
La ceremonia se realizó mediante una sesión solemne de Ayuntamiento, encabezada por el presidente municipal y los integrantes del Cabildo. Durante el acto, el cronista de la ciudad, Moisés Hernández López, presentó una semblanza histórica sobre el origen y la evolución de la isla.
En su intervención, explicó que la Isla del Río Cuale no surgió como resultado de una obra planificada, sino de la transformación natural del cauce y de la capacidad de los habitantes de Puerto Vallarta para adaptarse a su entorno.

Una isla formada por la fuerza del río
En el corazón de Puerto Vallarta, el río Cuale dividió su curso y dio origen, paulatinamente, a una isla que terminaría por unir a las comunidades asentadas en sus dos riberas.
Aunque el ciclón de octubre de 1925 es considerado el fenómeno que impulsó su consolidación, la formación de la Isla del Cuale no ocurrió de manera instantánea.
El plano del Proyecto de Ensanche de Puerto Vallarta, elaborado en 1922 por el ingeniero italiano Ángel Corsi, ya representaba algunos islotes y bifurcaciones del río cerca de su desembocadura. Este documento demuestra que el cauce se encontraba en un proceso previo de transformación.
Sin embargo, durante la noche del 24 al 25 de octubre de 1925, un poderoso ciclón azotó la costa de Jalisco y la región serrana. Los registros hemerográficos y testimonios de la época describen techumbres arrancadas, plantaciones destruidas, caminos intransitables, inundaciones y numerosas familias sin hogar.
Después del fenómeno, el río acumuló sedimentos y bancos de arena, bifurcó con mayor claridad su corriente y consolidó gradualmente el territorio que hoy ocupa la Isla del Río Cuale.
Los testimonios de Josefina Cortés Lugo, Catalina Montes de Oca y Manuel Andrade Beltrán, entre otros cronistas y habitantes del antiguo Vallarta, permiten reconstruir este proceso histórico.
El análisis conjunto de las fuentes documentales, hemerográficas y orales indica que el ciclón de 1925 actuó como catalizador de una transformación natural que ya se manifestaba en el cauce del río.

De espacio de trabajo a lugar de encuentro
Durante varias décadas, las riberas del Cuale fueron espacios de trabajo, convivencia y vida cotidiana. En sus alrededores se instalaron lavaderos, huertos y pequeños pasos improvisados que permitían comunicar ambas orillas.
Con el crecimiento de Puerto Vallarta se construyeron obras de protección e infraestructura para facilitar el tránsito sobre el río. Entre ellas destacó el Puente Juárez, inaugurado en 1959, así como un segundo puente levantado durante la década de 1970.
Estas intervenciones modificaron la relación de la ciudad con el cauce y permitieron que la isla fuera recuperada gradualmente como espacio público.
Con el paso del tiempo se establecieron en ella un parque infantil, el Museo del Cuale, la Escuela de Música, galerías, espacios culturales y el mercado artesanal. La isla se convirtió así en paseo, foro, aula y punto de encuentro, sin perder su condición de territorio fluvial.
Un corredor natural dentro de Puerto Vallarta
Además de su relevancia histórica y cultural, la Isla del Río Cuale constituye uno de los principales corredores verdes del centro de Puerto Vallarta.
Entre guamúchiles, parotas, higueras, bambúes y árboles de mango habitan iguanas, aves y otras especies. Incluso durante el siglo XXI se ha documentado la presencia de nutrias tropicales cerca de la desembocadura del río.
Esta vegetación proporciona sombra, regula el microclima, ayuda a sujetar los suelos y ofrece refugio para la fauna. Su existencia demuestra que la naturaleza no es únicamente un elemento ornamental dentro de la ciudad, sino una parte fundamental de su equilibrio ambiental.

Patrimonio histórico, ambiental y social
La Isla del Río Cuale reúne distintas dimensiones del patrimonio de Puerto Vallarta.
Su valor es histórico, porque existen planos, testimonios y registros que permiten seguir su formación desde principios de la década de 1920.
Es también un patrimonio ambiental, debido a su biodiversidad y a su función como corredor natural dentro de una zona densamente urbanizada.
Su importancia es social, porque en sus riberas se desarrollaron oficios, costumbres y formas de convivencia que acompañaron el crecimiento de Puerto Vallarta.
Finalmente, posee un profundo valor simbólico, pues representa un lugar donde la ciudad reconoce su relación con el río, el territorio y la memoria de sus habitantes.
Sus puentes y senderos han sido transitados por lavanderas, aguadores, pescadores, comerciantes, artistas, familias, niñas y niños. Cada generación ha incorporado este espacio a su experiencia cotidiana y a su manera de comprender la ciudad.

Un símbolo de memoria e identidad vallartense
Formada después de un episodio de gran fuerza natural, la Isla del Río Cuale fue adoptada por la comunidad como un espacio común, situado entre el trabajo y el descanso, entre la vida cotidiana y la celebración.
Su historia refleja la manera en que Puerto Vallarta ha enfrentado las transformaciones del territorio, se ha adaptado a los cambios y ha mantenido un sentido de pertenencia a lo largo del tiempo.
Por ello, su protección no corresponde únicamente a las autoridades. También exige la participación de la comunidad, de las instituciones y de las generaciones que han recibido este lugar como parte de su patrimonio colectivo.
La Isla del Río Cuale no es solamente un espacio recreativo ni un atractivo turístico. Es un capítulo vivo de la historia natural de Puerto Vallarta y un aula abierta desde la cual puede comprenderse la relación entre el río, la ciudad y sus habitantes.
A cien años del ciclón de 1925, el mensaje permanece vigente: “cuidarla, y cuidar su río, es cuidarnos entre nosotros”.
La isla conserva en su paisaje la huella del esfuerzo, la adaptación y la memoria de la comunidad vallartense.