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Pituffik: El bastión ártico que Estados Unidos defiende ante las nuevas amenazas de Rusia y China

Ubicada a solo 1,300 kilómetros del Polo Norte, la base de Pituffik se consolida como el punto estratégico más importante para la detección de misiles hipersónicos y la vigilancia del espacio aéreo global.

La creciente tensión diplomática entre la administración de Donald Trump y el gobierno de Dinamarca ha puesto nuevamente bajo los reflectores a Pituffik, la instalación militar más septentrional de Estados Unidos. Conocida originalmente como la Base Aérea de Thule, este enclave en Groenlandia —cuyo nombre significa «el lugar donde atamos los perros»— ha pasado de ser un refugio contra ataques nucleares de la Guerra Fría a convertirse en el «ojo del Ártico» frente al avance tecnológico de Moscú y Pekín.

Un origen marcado por la Guerra Fría Construida en secreto en 1951, la base fue la respuesta de Washington al temor de un ataque nuclear por parte de la extinta Unión Soviética. En su apogeo, Estados Unidos llegó a operar 17 bases en la isla con 10,000 efectivos. Sin embargo, hoy solo sobrevive Pituffik, operada por apenas 200 militares y 450 civiles bajo condiciones extremas, con temperaturas que descienden hasta los -34 grados Celsius y meses de oscuridad absoluta.

Del radar balístico a la defensa hipersónica Si bien su propósito original era vigilar misiles balísticos intercontinentales, hoy su relevancia es aún mayor. De acuerdo con analistas de defensa, Pituffik es una de las pocas instalaciones capaces de ofrecer una alerta temprana ante misiles hipersónicos, proyectiles que viajan a más de cinco veces la velocidad del sonido.

«El Ártico sigue siendo la vía más corta para un ataque contra territorio estadounidense», advierten expertos. Debido a la curvatura de la Tierra, los radares de Pituffik pueden «ver» sobre el horizonte polar, detectando lanzamientos desde Rusia o China mucho antes que cualquier otra estación en suelo continental.

El conflicto por la soberanía El valor de la base no es solo militar, sino también político. Mientras Donald Trump presiona por la compra de Groenlandia citando razones de seguridad nacional, aliados europeos como Suecia, Noruega y Francia han reforzado su presencia militar en la zona bajo el liderazgo de Dinamarca. Copenhague, por su parte, mantiene su postura de respeto a la autodeterminación del pueblo groenlandés, recordando que el desplazamiento de poblaciones indígenas para construir Pituffik dejó una herida histórica que tardó décadas en ser reconocida.

Además de su rol bélico, la base es vital para la NASA, ya que sus equipos de alta tecnología permiten monitorear la acelerada pérdida de hielo en el Ártico, convirtiéndola en un punto neurálgico tanto para la seguridad global como para la ciencia climática.

Fuente: Análisis Internacional / Agencias | © Redacción NoticiasPV

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