La insuficiencia de arterias principales y el acelerado crecimiento del parque vehicular mantienen en jaque la movilidad de la ciudad, donde ni la señalización ni la falta de ella logran agilizar el tránsito.
El tránsito vehicular en Puerto Vallarta se ha convertido en un problema estructural que desborda diariamente a automovilistas, transportistas y peatones.
En este destino turístico, la presencia o ausencia de semáforos operativos parece marcar poca diferencia frente a las prolongadas filas de vehículos que saturaron la infraestructura existente.
La dependencia de escasas avenidas principales para conectar el norte con el sur del municipio genera cuellos de botella diarios, donde cualquier incidente menor desencadena una paralización prolongada de las vialidades.
La falta de alternativas viales complementarias acentúa el problema en las horas de mayor afluencia.
Tanto la avenida Francisco Medina Ascencio como la carretera a Las Juntas y los accesos a las zonas residenciales experimentan cargas de tráfico que rebasan por completo su capacidad diseñada.
Ante esta situación, la sincronización de las luces de tránsito resulta insuficiente, pues el volumen de unidades que circula por el marco vial de la ciudad supera la densidad que las escasas arterias pueden desahogar.
La saturación vial constante afecta directamente la productividad de los ciudadanos y la experiencia de los visitantes.
Diversos sectores de la población han señalado la necesidad de contemplar soluciones integrales de infraestructura y planeación urbana a largo plazo, ya que las medidas paliativas actuales no logran resolver la congestión constante.
Mientras no se incrementen ni diversifiquen las vías de circulación en el municipio, la movilidad continuará siendo uno de los mayores desafíos diarios para la comunidad vallartense.