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Luis Miranda Cardoso, el magistrado leal y funcional al Grupo Atlacomulco

proceso.com.mx

TOLUCA, Edomex., (apro).- Luis Miranda Cardoso fue presidente del Poder Judicial del Estado de México de 1994 a 2005, por lo que acompañó los mandatos de prácticamente tres gobernadores del llamado Grupo Atlacomulco e influenció fuertemente el periodo de otro más, el de Enrique Peña Nieto, a través de su hijo, Luis Miranda Nava, hoy sujeto a investigación por la Unidad de Inteligencia Financiera.

El origen geográfico de Miranda Cardoso es, en sí mismo, una alegoría a la cercanía que mantuvo siempre con el poder, pero sin destacar demasiado. Nació en Jocotitlán, ubicado a solo 20 minutos de Atlacomulco, lo que le permitió estrechar y cultivar relaciones convenientes desde muy joven con políticos del PRI, que a la postre ocuparían y concentrarían el poder en Toluca.

Aunque en lugar de la política Miranda Cardoso optó por el Derecho, al final su decisión resultó altamente funcional para el Grupo Atlacomulco, del que calladamente formó parte.

Miranda Cardoso llegó al Poder Judicial en 1994 cuando Emilio Chuayffet Chemor, electo constitucionalmente para el periodo 1993-1999, ya era gobernador, aunque este último dejaría el cargo en julio de 1995 para irse al gobierno federal, por lo que le heredó el puesto a César Camacho Quiroz, a quien el docto en Derecho acompañó en una gestión tan gris como la de él mismo.

Para ambos mandatarios, tanto como para Arturo Montiel, electo gobernador en 1999, Miranda Cardoso logró cumplir con la máxima política en Edomex: hacer inexistente la división de Poderes. Su presidencia como magistrado titular, fue desde un principio subordinada al titular del Poder Ejecutivo en turno, sin luces y sí con algunas sombras.

Periodistas y abogados de su época no recuerdan, de hecho, ninguna acción relevante de Miranda Cardoso, salvo el haber seguido a la perfección el guión que le dictaba el gobernador en turno y el haber iniciado el aumento desproporcionado de los sueldos de magistrados y jueces, algo que prevalece hasta ahora.

“Cada año cumplió con el rito de ser ‘nombrado’ presidente del Tribunal, en una sesión de elección abierta, en la que todos los magistrados coincidieron telepáticamente todos los años que resultó electo”, recuerda Macario Lozano, un periodista de la vieja guardia.

Tras la salida del priista César Camacho Quiroz, quien a la postre se convertiría en senador y dirigente nacional del PRI, a Miranda Cardoso le tocó darle la bienvenida a un paisano cercano: Arturo Montiel Rojas (1999-2005), originario de Atlacomulco, y a quien acompañaría silentemente en su dura política de impartición de justicia: “los Derechos Humanos son para los humanos, no para las ratas”.

Fue con Arturo Montiel, de hecho, con quien inició la política de detenciones arbitrarias masivas y el abarrotamiento de las cárceles con procesos judiciales fabricados que persiste hasta nuestros días, recordó en la víspera y a propósito de una iniciativa de amnistía estatal, Adrián Ramírez, presidente de la Liga Mexicana de Defensores de Derechos Humanos (LIMEDDH).

Pero quizás, si por algo será recordado Miranda Cardoso, será sin duda por la figura de su hijo Luis Miranda Nava, a quien abrió paso –gracias a sus nexos y servilismo desde el PJEM,- para una espectacular y al mismo tiempo decadente carrera política, desde que lo infiltró en el equipo del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, para formar parte del famoso grupo de los Golden Boys, hasta su declive actual, en señalamientos y sospechas de corrupción a gran escala.
Miranda Cardoso y Miranda Nava. Padre e hijo. Foto;: Octavio Gómez

La lealtad y funcionalidad de Miranda Cardoso al Grupo Atlacomulco sería premiada por su propio hijo, Luis Miranda Nava, quien siendo todavía secretario general de gobierno en la administración estatal de Enrique Peña, lo hizo notario público, mediante un acuerdo que sin empacho publicó en la Gaceta de Gobierno en noviembre del 2010. Gustoso, su padre ejerció el cargo, sin reparar en algún viso de nepotismo.

Curiosamente y pese a su nublado desempeño en el Poder Judicial, caracterizado por callar para dejar pasar, la personalidad de Miranda Cardoso contrasta dramáticamente con la de su hijo.

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