El empresario Juan Carlos Guerrero habría presionado a altos mandos de la paraestatal alegando una quiebra falsa, mientras celebraba un evento millonario con artistas como Belinda y J Balvin.
Lo que inició como una ostentosa celebración en Tabasco ha escalado a un escándalo de corrupción y presiones políticas. Juan Carlos Guerrero, propietario de la empresa PIMEX, está bajo la lupa tras revelarse que presuntamente amenazó a Octavio Barrera, director de Pemex Exploración y Producción (PEP), con detener operaciones estratégicas bajo el argumento de una falta de solvencia económica, apenas semanas antes de costear una de las fiestas privadas más caras de la región.
El «Modus Operandi» del desfalco
De acuerdo con investigaciones periodísticas, la fiesta —que contó con la participación de figuras como Belinda, J Balvin y Galilea Montijo— habría sido financiada mediante un esquema de pagos simulados. Este método, diseñado para evadir la vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), consiste en documentar trabajos no realizados para liberar recursos que luego se desvían. Se estima que esta red de «trabajo simulado» podría haber movido más de 30 millones de dólares.
Cuestionan omisión de directivos
La polémica salpica directamente a la cúpula de PEP. Mientras Guerrero alegaba un quiebre financiero para presionar por pagos, el subdirector de producción, Marcos Torres Fuentes, actuó como padrino del evento, lo que confirma una relación de complicidad entre el contratista y los funcionarios.
Las críticas se centran ahora en Octavio Barrera, a quien se le cuestiona si autorizó los convenios de pago a sabiendas de la simulación o si simplemente ignoró las señales de alerta. El caso ha reabierto el debate sobre la facilidad con la que se vulneran los controles internos de Pemex para financiar lujos personales con recursos que deberían destinarse a la infraestructura hidráulica y de perforación del país.
Fuente: Reportes de Atzayaelh Torres | © Redacción NoticiasPV