Su cuerpo fue hallado ese mismo año en un barranco rumbo a La Palapa. Durante un tiempo estuvo en SEMEFO y luego fue sepultado en una fosa común. En el 2021 fue denunciada su desaparición y en el 2025 tras revisar de nuevo el ADN de su familia coincidió con un cadáver
Después de casi diez años de incertidumbre, búsqueda y silencio institucional, finalmente fue identificado de manera oficial el cuerpo de una persona que permaneció durante años en calidad de no identificado y que incluso fue sepultado en una fosa común en Puerto Vallarta.
La Fiscalía Regional de Justicia confirmó que se trata del ingeniero Gaudencio Ramos Huesias, reportado como desaparecido desde el año del 2021, aunque desapareció el 13 de marzo de 2016.
El hallazgo se logró gracias al trabajo conjunto de colectivos de búsqueda de personas desaparecidas y autoridades de la Fiscalía del Estado, quienes realizaron un cotejo de muestras genéticas en la base de datos forense.
El resultado fue contundente: el ADN coincidió con el de un cuerpo localizado sin vida el 21 de marzo de 2016, apenas ocho días después de que fuera visto por última vez.

De acuerdo con archivos oficiales, fue alrededor de las 21:50 horas de aquel 21 de marzo cuando elementos de la Policía Municipal recibieron el reporte sobre la presencia de bolsas negras sospechosas, a unos 500 metros del camino del rancho El Pirulí.
Tras activar el operativo, cerca de las 23:45 horas, los uniformados localizaron las bolsas en una vereda que desciende hacia un barranco, confirmando que en el interior de una de ellas se encontraba un cuerpo sin vida en avanzado estado de descomposición.
Al sitio acudieron elementos de la Policía Investigadora y peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, quienes iniciaron las diligencias correspondientes.
De manera preliminar, las autoridades estimaron que el cuerpo tenía alrededor de tres días de fallecido, por lo que fue trasladado al Servicio Médico Forense para la necropsia de ley. Las causas de muerte no fueron dadas a conocer públicamente.
El cuerpo permaneció durante meses en las instalaciones forenses sin ser reclamado. Al no lograr su identificación y siguiendo los protocolos legales vigentes, fue inhumado en una fosa común, donde permaneció durante años sin nombre ni historia… hasta ahora.
Fue a finales de septiembre del 2025, durante una nueva revisión de perfiles genéticos impulsada por colectivos y el área de personas desaparecidas de la Fiscalía, cuando una muestra enviada a Guadalajara, al área de Genética Forense, arrojó una coincidencia positiva con la familia del ingeniero Gaudencio Ramos Huesias.

La Fiscalía confirmó que la denuncia formal por desaparición fue presentada por la familia en el año 2021, pese a que los hechos ocurrieron en 2016. En ese entonces, el ingeniero tenía 70 años de edad, era jubilado y había salido de su domicilio sin regresar.
Aunque en redes sociales comenzó a circular la versión de que el cuerpo había sido localizado en una fosa clandestina, las autoridades aclararon que se trata de una fosa común, a la que fue enviado tras no ser identificado oportunamente.
Ahora, al haber sido identificado de manera oficial, se llevará a cabo el procedimiento legal de exhumación para entregar los restos a sus familiares y permitirles, por fin, darle sepultura digna.
En redes sociales, familiares y miembros de la comunidad indígena de Chacala, en Cabo Corrientes, comenzaron a despedirse del ingeniero con emotivos mensajes, recordándolo como tío, mentor y hombre respetado, anunciando que “muy pronto descansará en paz junto a sus padres”.

De acuerdo con el itinerario difundido junto con una imagen por la familia, el próximo 30 de enero de 2026 se realizará un homenaje en el salón comunal de Chacala, seguido de una misa en el templo de San José.
La velación tendrá lugar el 31 de enero en una funeraria de Guadalajara, mientras que el 1 de febrero se oficiará una misa final y la inhumación en un panteón de Zapopan.
El caso de Gaudencio Ramos Huesias vuelve a poner sobre la mesa una dura realidad: personas que fueron buscadas durante años… y que siempre estuvieron ahí, esperando ser identificadas. Una historia que hoy cierra un capítulo de dolor.


