Ganancias criminales, 10 veces presupuesto mexicano

ejecentral.com.mx

La dimensión de las ganancias que el crimen organizado transnacional obtiene en un año es tan grande que alcanzarían para financiar todo el presupuesto del gobierno mexicano en lo que resta del sexenio de Enrique Peña Nieto y hasta para pagar toda la deuda pública nacional.

Es simple: el crimen organizado paga y paga muy bien. Tan sólo en 2014 y 2015, las transacciones realizadas de forma ilegal en todo el mundo reportaron ingresos que van de 1.6 a 2.2 trillones de dólares anuales. Ese es el tamaño del mercado criminal alrededor del planeta.

Estas cifras muestran la fortaleza financiera que están alcanzando anualmente las organizaciones criminales alrededor del mundo y que es equiparable a casi 10 veces el presupuesto de egresos aprobado por el Congreso de la Unión de México para 2017, y al 60% del presupuesto que este año pretende obtener el gobierno de Donald Trump y que será uno de los más altos del mundo.

Sin embargo, el dinero que estos grupos criminales generan es sucio y resulta de actividades que fracturan las sociedades a través de la violencia; contaminan los gobiernos, con mayor intensidad a los países en desarrollo como México, y atacan la competitividad de las economías soberanas y de las empresas.

La venta de drogas, armas, personas u órganos alcanzan precios que dejan ganancias de más de mil veces su valor. Por ejemplo, un riñón que es extirpado ilegalmente en Perú, con un valor inicial de siete mil dólares, cuando es enviado y vendido a través del mercado criminal en México habrá incrementado 1,689% su valor de venta, y será pagado por 125 mil dólares.

Es en esas redes financieras que estos grupos tejen por todo el orbe, en las que anida la verdadera fortaleza del crimen transnacional, de acuerdo con un análisis que la Global Financial Integrity, una organización no lucrativa con sede en Washington D.C., concentró en el documento Transnational Crime and the Developing World, publicado el 27 de marzo pasado.

¿Criminales y terroristas?

La mina de oro de los grupos criminales mundiales se concentra en 11 mercados que diversifican sus actividades en el tráfico de drogas, armas, personas con fines de explotación sexual y laboral, órganos, especies animales, robo de crudo y bienes culturales, falsificación y piratería, pesca, minería y tala ilegal.

El paradigma empresarial que busca maximizar los beneficios y aminorar los costos también se aplica para el crimen organizado que, “en esencia”, opera bajo un modelo de negocio paralelo, cuyo motor son las ganancias financieras que resultan de “oportunidades que ofrezcan altos beneficios y bajos riesgos”. La fórmula embona a la perfección y el crimen organizado encontró en estos mercados la clave de su éxito y fortaleza financiera.

Los ingresos ilegales que dejan estas actividades son tan jugosos que han atraído a organizaciones terroristas como el Estado Islámico y otros grupos disidentes que vieron en el flujo financiero criminal el canal idóneo para fondear sus actividades ilegales, un fenómeno que caracteriza a los grupos criminales como parte de su capacidad de adaptación a los cambios en sus entornos, sostiene la autora del documento, Channing May.

Al acecho de oportunidades

Como si fueran especies en un proceso de evolución, los grupos delincuenciales transnacionales exaltan la versatilidad de sus operaciones para explotar mercados en crisis, como desastres naturales, trastornos sociales y guerras civiles en los que pueden crear, a través de la necesidad del flujo ilegal de bienes, principalmente armas, órganos, personas o el mismo patrimonio cultural, una fuente segura de ingresos.

›Al ser la maximización de ganancias el fin último, la diversificación también apunta a la modernización tecnológica en la que, “estos grupos se apresuran a adoptar” métodos más complejos como operaciones a través de internet o el uso de monedas virtuales anónimas, que complican el rastreo de sus actividades.

Si los mercados de consumo se ubican en los países con economías desarrolladas, es en las naciones en desarrollo o pobres, con gobiernos inestables y corruptos, en los que las redes criminales enquistan sus estructuras de producción y distribución.

En su investigación, May apunta que, para su florecimiento y proliferación económica, el crimen organizado transnacional apuesta por Estados débiles en los que la gobernabilidad está en riesgo para que sus operaciones sean “relativamente libres”.

Sin embargo, en estos Estados, la degradación social sólo debe ser parcial, pues un Estado fracasado “provocaría disturbios y conflictos” que dificultarían sus negocios.

La diversificación del mercado es tan sofisticada que los ingresos que obtienen los grupos aparentemente especializados en un sector criminal determinado, han comenzado a evolucionar para financiar operaciones y actividades criminales adicionales.

Sobre esto, la investigación señala que en México, algunos cárteles del narcotráfico han ampliado sus actividades hacia el robo de crudo, el tráfico de especies y hasta la minería ilegal.

Las joyas negras de la corona

Son dos las joyas de la corona en el mercado criminal mundial: la falsificación de bienes, que arroja ganancias anuales estimadas de 923 billones a 1.13 trillones de dólares, y el narcotráfico, cuyas ganancias van de 426 a 652 billones de dólares.

Aunque el mercado de la falsificación es económicamente más pujante y tiene un impacto directo en las economías nacionales y en la competitividad de las empresas legales, es el narcotráfico el que, por la violencia que lo acompaña, se hace más visible y atrae los esfuerzos de los gobiernos para cortar sus actividades e influencia social y financiera.

El tráfico de drogas es un negocio lucrativo, cuyo valor en el mercado criminal creció casi el doble en la última década, al pasar de 320 billones en 2003 a 652 billones de dólares en 2014, con un amplio mercado en la producción y venta al menudeo de mariguana, sector que arroja ganancias anuales de 183 a 287 billones de dólares, seguido por los mercados de la cocaína, los opiáceos y de las anfetaminas.

La opacidad de los datos en un negocio que opera en las sombras es parte de la naturaleza del mercado criminal de la droga. En su investigación, el Global Financial Integrity acota que los montos del mercado global de narcóticos y de sus submercados resultó de dos cálculos: el primero, basado en los ajustes inflacionarios de cada región en la que operan, trasportan y se consumen sus productos, y el segundo, respecto al crecimiento desde 2003 del producto interno bruto mundial.

El mercado ilegal de drogas opera bajo reglas similares al de cualquier otro mercado de bienes legales, que están sujetos a las leyes de la oferta y la demanda; con la modificación de que en los factores determinantes tienen un papel fundamental el lugar de producción, que implica diferente niveles de riesgo, y el tamaño del comercio minorista en la región de consumo final.

Bajo estas reglas, el submercado de la mariguana resulta el de mayor rentabilidad, pues el cannabis, no sólo es el narcótico más consumido en el mundo, sino que también es el más cultivado y distribuido, con una demanda hasta 2014 estimada en 182 millones de personas, equivalente a 2.5% de la población mundial.

La investigación también detalla que la distancia que una droga recorre hasta el mercado final en el que será consumida es también un factor que determina su mayor o menos nivel de rentabilidad para los grupos narcotraficantes.

Es el caso de la cocaína, cuya producción se concentra en Colombia, y que fue posicionada como el segundo submercado ilegal que más ganancias arroja, en un rango que va de dos mil 200 a 200 mil dólares por un kilogramo de cocaína colombiana, bajo la fórmula de valor es igual a distancia más riesgo.

La investigación arrojó que el valor de la cocaína colombiana comienza a crecer desde su llegada a las regiones portuarias, en donde el kilogramo alcanza los siete mil dólares. Al término de su paso por Centroamérica, este producto ya habrá incrementado su valor hasta 445% al momento en que alcanza la frontera sur de México. Si logra cruzar el país, al llegar a la frontera norte, ya con Estados Unidos, el kilogramo de esta droga tendrá un valor de 16 mil dólares.

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El riesgo de que sea incautada cuando sale del mercado latinoamericano hacia Estados Unidos, con un mayor riesgo de que el producto sea asegurado, provoca que su valor se dispare hasta 27 mil dólares por cada kilogramo vendido, 55 mil si logra cruzar a Europa y 200 mil se llega a Australia, con una plusvalía acumulada de 8 mil 991 por ciento.

Los beneficios de estas cadenas multimillonarias alcanzan únicamente a los grupos criminales, y dejan “altos” impactos negativos en los países que funcionan como bases de sus procesos de producción, cuyas poblaciones son azotadas por la violencia que “por lo general aplican para mantener el control de sus mercados”.

Lo anterior conduce a los gobiernos a destinar mayores recursos en mecanismos de aplicación de la ley, en sistemas judiciales y en corporaciones de seguridad pública y nacional, en detrimento de los presupuestos que serían destinados para reforzar, por ejemplo, los servicios públicos.

Aunque el narcotráfico es más visible, principalmente por los niveles de violencia que arrastra, el negocio ilegal más lucrativo del planeta está en la falsificación de mercancías y en la piratería de productos intelectuales, como música, películas y software para dispositivos digitales y computadoras.

Este mercado alcanza valores de hasta 1.13 trillones de dólares al año, básicamente porque cualquier producto existente es potencialmente falsificable.

Tan sólo en 2015, de acuerdo con un estudio realizado por la consultora Frontier Economics, la piratería de películas arrojó a nivel mundial ganancias estimadas en 160 billones de dólares, mientras que para productos musicales el beneficio fue de 24 billones y en software llegó a 24 billones.

›La falsificación de productos tiene como una de sus reglas producir bienes con insumos de muy baja calidad o que sustituyan los componentes originales, anulando así su efectividad, como ocurre en el caso del sector farmacéutico, que en su versión ilegal reporta ganancias anuales de hasta 200 billones de dólares.

Como ocurre en otros casos, la falsificación de medicamentos tiene un mayor impacto en países como México y otros de Latinoamérica, Asia y África, debido a que representan “entre 10 y 30% de los productos farmacéuticos disponibles en los países en desarrollo”, debido a la poca o débil regulación que existe en la materia.

VALOR
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El éxito en combustible y órganos
Las cadenas de valor del crimen transnacional han creado círculos “virtuosos” que fortalecen sus ingresos multimillonarios. El ganancias masivas, por ejemplo en grupos del narcotráfico, ha impulsado la diversificación de las inversiones para financiar otro tipo de actividades ilegales en las que originalmente no participaban, “lo que representa una amenaza para las naciones y para la comunidad internacional”.

Estas redes han conectado el negocio de los cárteles mexicanos de la droga con el robo de combustible y crudo, otro de los 11 mercados del crimen transnacional, en el que Rusia y Nigeria figuran como las naciones en las que la delincuencia organizada obtiene mayores ganancias, calculadas entre 7.8 y hasta 20.9 millones de dólares diarios.

Aunque en México el negocio es aún incipiente, valuado en 1.2 millones de dólares diarios, equivalentes 10 mil barriles; los grupos del narcotráfico han comenzado a incorporarlo como parte de sus actividades para abrir nuevas carteras que les reporten recursos con los cuales financiar sus actividades criminales.

La investigación apunta que el daño diario en el mercado nacional de producción de crudo es de apenas 1% en comparación con la producción diaria nacional, sin embargo, el daño del robo se hace más profundo debido a que la ordeña de ductos impacta directamente en los ingresos de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuyas pérdidas fueron valuadas en hasta 5 billones de dólares en un año.

El negocio es redondo y pareciera, además, atacar un problema que se arraiga en comunidades rurales del país por la falta de oportunidades y de empleos bien remunerados. De acuerdo con el documento, en México, robar diez mil litros de gasolina, que requiere de 20 a 40 minutos de trabajo, puede arrojar ganancias estimadas en cuatro mil 600 dólares, para quienes extraen el combustible de los ductos de Pemex.

Desde 2010, Los Zetas y el cártel del Golfo mostraron un interés particular en desarrollar y ampliar su influencia más allá del negocio de la droga hacia el robo de combustible, a través del desarrollo de “unidades especializadas” cuyos blancos eran los oleoductos que atraviesan los territorios de controlan.

La venta del combustible robado es sencilla a través del mercado ilegal y arroja ganancias estimadas en 268 millones de dólares al año, tanto para Los Zetas como para el Cártel del Golfo, a pesar de que el combustible que venden se ofrece a la mitad del precio oficial de las estaciones de servicio.

“La pérdida de cantidades sustanciales de ingresos debido al robo de petróleo impacta directamente en el presupuesto del gobierno y, en consecuencia, en su capacidad para prestar servicios públicos, invertir en infraestructura, gestionar la deuda pública y cumplir con otras obligaciones” apunta el análisis en relación a los impactos negativos de este mercado ilegal.

›En las redes criminales cualquier bien puede ser ofertado y vendido, incluso si se trata de órganos humanos, cuyo tráfico mundial genera ganancias anuales de entre 840 millones a mil 700 millones de dólares, aún cuando sólo representó, en 2014, el 10% de los 120 mil trasplantes que se realizaron en todo el mundo.

La lista en el comercio de órganos la encabezan los riñones, de los que se calcula se realizan 10 mil transacciones en el mercado ilegal; le siguen el hígado, corazón, pulmón y páncreas, como los más solicitados en países como Estados Unidos, Israel, Canadá, Singapur y México.

Las redes criminales continuarán fortaleciendo su bonanza si los gobiernos no diseñan estrategias que apunten a cortar los flujos multimillonarios que empujan sus actividades transnacionales, concluye la investigación realizada por el Global Financial Integrity.

Para ello, es necesario que las administraciones refuercen sus sistemas legales enfocados a detectar y cortar los flujos financieros de este tipo de organizaciones criminales, con el objetivo de “entender, identificar y desmantelar estas redes ilegales”.

                                                         
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