La complicidad del hogar tras la agresión criminal vivida en la región el 22 de febrero

7 marzo, 2026

El caos que paralizó a la región no solo fue obra de un cártel, sino de una juventud que encontró en su casa el silencio necesario para delinquir. Es momento de reconocer que cada joven que participó en los bloqueos fue un niño que creció ante una mirada paterna esquiva; una realidad donde la complicidad del hogar en la protección del hijo delincuente termina por disparar contra el resto de la sociedad.

Tras la reciente captura y muerte de Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho” los «narcobloqueos» que paralizaron nuestras calles el pasado 22 de febrero 2026 no solo mostraron fuego y metal, sino una realidad mucho más dolorosa: el rostro de miles de jóvenes que, en lugar de construir un futuro, salieron a defender su propia destrucción. Este fenómeno obliga a una introspección profunda que va más allá de las estrategias de seguridad; nos lleva directamente al corazón del hogar.

La descomposición que vimos ese día no surgió de la nada. Se gestó en el silencio de la mesa, en la mirada esquiva ante el dinero que no tiene explicación y en la aceptación de lujos que cuestan vidas ajenas. El joven que bloqueó una avenida o empuña un arma, alguna vez fue un niño que dejó la escuela sin que nadie insistiera, o que llegó con beneficios materiales que los padres prefirieron no cuestionar.

La justificación como forma de violencia
Es necesario entender que la violencia no solo la ejerce quien jala el gatillo, sino también quien la justifica por comodidad o necesidad. Cada peso que entra a una casa producto de la ilegalidad, lleva consigo el rastro de un negocio cerrado, una familia rota o un inocente que no volvió a su hogar. No podemos llamar «oportunidad» a lo que se construye sobre la sangre de los demás.

La responsabilidad más íntima
Ante el caos que envolvió a nuestra región, el llamado es a la responsabilidad más íntima. Denunciar el camino equivocado no es una traición, es un acto desesperado de amor para rescatar lo que queda de una vida. Mientras se proteja al hijo que delinque, se desprotege a toda una sociedad que anhela la paz.

Al final, el silencio también mata y la tolerancia familiar también dispara. El futuro de Jalisco y Nayarit no se decide solo en los cuarteles, sino en la verdad con la que cada familia decide vivir.

© Redacción NoticiasPV

Lorena Moguel

Reportera.

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