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“Cien años de soledad”: medio siglo de vitalidad de una obra maestra

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BOGOTÁ (proceso.com.mx).- La novela central del escritor colombiano Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, cumple este martes medio siglo tan vital y vigente como cuando se terminó de imprimir su primera edición, el 30 de mayo de 1967, en los talleres gráficos de la Compañía Impresora Argentina.

“Es una obra que trastorna y encanta a quienes la leyeron hace 50 años y que causa el mismo efecto en quienes hoy entran en contacto con ella. Eso lo veo con mis alumnos, que son jóvenes de 22 ó 23 años y me dicen que se les eriza la piel cuando leen la novela”, dice a Proceso el escritor e investigador literario, Clinton Ramírez.

El experto en Cien años de soledad y paisano caribeño de García Márquez asegura que, en ese sentido, esa novela “es plenamente vigente y, si tuviera que apostar, apostaría a que tendrá una vigencia de siglos, como las grandes obras de la literatura universal”.

Ramírez será uno de los escritores que participará en las conmemoraciones del medio siglo de Cien años de soledad en el departamento de Magdalena, al que pertenece Aracataca, la ciudad natal de García Márquez y en la que se inspiró para crear la aldea de casas de barro y cañabrava llamada Macondo en la novela.

Cien años de soledad, que nació editorialmente hace medio siglo en la calle Alsina número 2049 de Buenos Aires, será objeto de homenajes en todo Colombia, América Latina y decenas de países alrededor del mundo.

Este martes, el acto central de las conmemoraciones en Colombia se realizará en la Casa-Museo Gabriel García Márquez en Aracataca, que se construyó en el mismo terreno de la vivienda donde nació el Premio Nobel de Literatura 1983 y la cual es una copia fiel de la original.

En ese recinto, el alcalde de Aracataca, Pedro Sánchez Rueda, hablará sobre el sobre el hijo más ilustre de esa población del caribe colombiano y un centenar de escolares presenciarán una obra de teatro basada en los personajes principales de Cien años de soledad.

García Márquez decía que en ese pueblo donde nació el 6 de marzo de 1927 y en el que vivió hasta los ocho años encontró la materia prima de su deslumbrante obra literaria.

Él siempre atribuyó a la “buena suerte” el haber nacido ahí y decía que era un lugar bueno para vivir, donde todo el mundo se conocía y estaba “a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”. Descripción idéntica a la de Macondo en la primera página de Cien años de soledad.

El arduo proceso creativo

García Márquez recordaba los 18 meses que pasó escribiendo ininterrumpidamente Cien años de soledad en una habitación de la casa de La Loma número 19, en la colonia San Ángel Inn de la Ciudad de México, como una proeza de índole familiar en la que su esposa, Mercedes Barcha, jugó un papel heroico.

“Lo que podía ser motivo de otro libro mejor –aseguraba García Márquez–, sería cómo sobrevivimos Mercedes y yo, con nuestros dos hijos, durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa”.

Por eso cobró mucho sentido lo que Mercedes comentó un día de principios de agosto de 1966 en las afueras del edificio de correos de la Ciudad de México, en Tacuba 1: “Ahora lo que falta es que la novela sea mala”.

Minutos antes, ella y el escritor acababan de enviar a Buenos Aires un paquete con la mitad de las 590 cuartillas mecanografiadas de Cien años de soledad. Lo hicieron así porque no les alcanzó el dinero para enviar el texto completo, tras año y medio de penurias económicas en que García Márquez no hizo casi nada distinto a escribir su novela y a pensar en ella.

De hecho, él y Mercedes sabían que la novela no sólo no era mala, sino que era muy buena. Ya la había leído amigos de la pareja como Álvaro Mutis, Carlos Fuentes y Álvaro Vargas Llosa, y los tres coincidían en que era lo mejor que se había escrito en lengua castellana en los últimos tiempos.

Y cuando el director literario de la editorial Suramericana, Francisco Porrúa, leyó la parte de Cien años de soledad que le enviaron el escritor y su esposa se mostró ansioso por leer la primera mitad del libro (al rearmar el paquete en el correo no le habían mandado la primera sino la última parte) y la novela le pareció tan deslumbrante, que decidió hacer un primer tiraje de 8,000 ejemplares, algo inusual en esa época.

Lo que ya no llegó a tiempo a Buenos Aires fue una portada que había diseñado para esa obra el artista plástico mexicano Vicente Rojo, la cual lleva escrita al revés la “e” de soledad y tenía viñetas populares de campanas, lunas, soles, estrellas y calaveras enmarcadas en relieves azules.

A pesar de que Rojo envió a tiempo la portada por correo a Buenos Aires, ésta se extravió en el camino. La Editorial Suramericana pidió a su diseñadora Iris Pagano elaborar otra portada. Ella dibujó un galeón surcando una selva y con esa carátula salió la primera edición de Cien años de soledad a la venta, el 5 de junio de 1967.

Pero la segunda, la tercera y la cuarta edición de la novela, que aparecieron en junio, septiembre y diciembre de 1967, en forma respectiva, llevaron la portada de Rojo.

Esa es precisamente la portada que aparece en la famosa fotografía de un García Márquez cuarentón con un ejemplar abierto de la novela colocado encima de su cabeza.

Desde el momento de su publicación, el libro fue un rotundo éxito editorial tanto en críticas como en ventas. La Editorial Suramericana imprimió en total un millón de ejemplares, y luego vinieron las negociaciones en grande con otras editoriales –a cargo, siempre de la agente literaria de García Márquez, Carmen Balcells–, y las traducciones a decenas de idiomas.

Hace 10 años, al hablar ante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, en Cartagena, García Márquez se refería así a los 50 millones de personas de todo el mundo que habían leído hasta ese entonces de su obra más apreciada:

“Los lectores de Cien años de soledad –dijo el 26 de marzo de 2007– son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo”.

Y enseguida acotó: “No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”.

Ese día, comenzó a circular en los países hispanoparlantes una edición especial de Cien años de soledad de un millón de ejemplares. Fue un tiraje “descomunal” que el escritor consideró “la demostración de que hay millones de lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, de este alimento”.

La conmemoración

El secretario de Turismo del departamento de Magdalena, Fidel Vargas, explica que este martes 30 García Márquez y Cien años de soledad serán honrados por la región a la que están anclados esa novela y el realismo mágico: el caribe colombiano.

Ese día, los gobernadores de los departamentos de Magdalena (Rosa Cotes), Bolívar (Dumek Turbay), Atlántico (Eduardo Verano de la Rosa) y La Guajira (Weildler Guerra), en cuyas jurisdicciones están los orígenes biográficos y las claves narrativas del escritor, se reunirán en Barranquilla para hablar del proyecto “Ciudad Caribe” como una idea inspirada en la obra de García Márquez.

“Es una manera de convertir la ficción realidad porque Gabo nos proyectó a Colombia y al caribe colombiano como Macondo. Y eso es lo que queremos ser, una región-Macondo, una Ciudad-Caribe con proyección cultural, económica y social”, señala Vargas.

En Magdalena está Aracataca, el Macondo del escritor; en Bolívar está Cartagena, donde Gabriel García Márquez empezó su carrera periodística; en Atlántico, Barranquilla, la ciudad de la tribu literaria de La Cueva; y La Guajira es la tierra de su abuela, Tranquilina Iguarán Cotes, de quien aprendió el tono narrativo que él convertiría en el realismo mágico.

Medio siglo después de Cien años de soledad, la gobernación de Magdalena prepara una ruta turística garcíamarquiana en la que el hilo conductor serán episodios biográficos y literarios del escritor y los municipios eje serán Aracataca, Santa Marta, Ciénaga, Sitio Nuevo, El Retén, Pueblo Viejo, Zona Bananera y Fundación.

En El Retén, por ejemplo, se construirá un mariposario con mariposas amarillas, y en Pueblo Viejo un parador turístico con muelle y plataforma flotante que conectará, vía fluvial, con la Ciénega Grande de Santa Marta, que en Cien años de soledad es la Ciénaga Grande, una extensión acuática sin horizontes con la que limita Macondo en su lado oeste.

“El mejor homenaje a Gabo y a Cien años de soledad es preservar su memoria con proyectos sustentables y que tengan una dimensión social para la región donde encontró su camino literario”, asegura Vargas.

Para el escritor Clinton Ramírez, oriundo del municipio de Ciénaga –donde en realidad ocurrió, en diciembre de 1928, la matanza de los trabajadores de la United Fruit Company que en Cien años de soledad ocurre en Macondo–, el Caribe es el universo de la obra de García Márquez y la puerta por la cual el Premio Nobel de Literatura 1982 puso a Colombia en las grandes ligas de la literatura universal.

“Cien años de soledad —señala Ramírez— es una obra maestra no sólo por su esplendor verbal y su capacidad fabuladora, sino por la manera en que García Márquez nos muestra a nosotros mismos, al Caribe, a nuestro país, a Latinoamérica. Nos puso frente al espejo, a que nos reconociéramos, y nos puso ante el mundo en una dimensión que ni la prensa ni la historia habían podido expresar”.

Eso ocurre de manera incesante desde el 30 de mayo de 1967.

Hace 50 años ya.

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