La relación entre la exreina de belleza y su suegra, Erika María, se fracturó tras el nacimiento de su bebé y una mudanza a la CDMX que no logró frenar el acoso de la presunta agresora.
El feminicidio de Carolina Flores, la joven exreina de belleza de 27 años asesinada en Polanco, no fue un evento aislado, sino el desenlace de una escalada de tensiones, control y hostilidad por parte de su suegra, Erika María Herrera. Testimonios de la madre de la víctima, Reyna Gómez Molina, revelan que el deterioro de la relación familiar alcanzó un punto de no retorno tras el nacimiento del bebé de Carolina, hoy de ocho meses.
La joven buscó desesperadamente independencia al mudarse de Ensenada a la Ciudad de México junto a su esposo, Alejandro «N», intentando poner distancia de los constantes desacuerdos y episodios de celos de su suegra. No obstante, la cercanía emocional y el control que Erika María pretendía mantener sobre su hijo sabotearon la paz de la pareja. Según los registros de videollamadas con su madre, Carolina se desahogaba constantemente sobre la presión doméstica y la responsabilidad que la suegra le atribuía por «separarla de su hijo».
El detonante final ocurrió durante una visita de Erika María en abril al departamento de la pareja en la alcaldía Miguel Hidalgo. Lo que debía ser un encuentro familiar reactivó los conflictos y terminó en el violento ataque documentado por cámaras de seguridad internas. A pesar de que el crimen ocurrió en presencia de su esposo y su hijo, la denuncia se retrasó un día, tiempo que la presunta feminicida aprovechó para huir. Hoy, mientras la fiscalía capitalina mantiene el protocolo de feminicidio, la familia exige que la distancia geográfica y el poder de la agresora no impidan que se haga justicia.
Fuente: Fiscalía General de Justicia de la CDMX | © Redacción NoticiasPV


