Especialistas advierten que el consumo excesivo de fructosa y niacina presente en refrescos y bebidas energéticas puede provocar desde hígado graso hasta cirrosis y hepatitis química.
Existe la creencia común de que solo el consumo de alcohol puede devastar la salud hepática; sin embargo, la medicina moderna señala hoy a un nuevo enemigo silencioso en el refrigerador. Según la Asociación Catalana de Pacientes Hepáticos (ASSCAT), el exceso de azúcar añadido y ciertos componentes sintéticos en bebidas no alcohólicas pueden sobrecargar el hígado de la misma manera que lo hace el licor.
El principal responsable es la fructosa y el jarabe de maíz de alta fructosa. A diferencia de otros azúcares, la fructosa se metaboliza directamente en el hígado, lo que favorece el desarrollo de Hígado Graso No Alcohólico (EHGNA). Esta condición, si no se controla, puede derivar en inflamación crónica, fibrosis y, en casos graves, cáncer hepático.
El peligro oculto en las bebidas energéticas
Además del azúcar, las bebidas energéticas y algunas deportivas contienen altas dosis de niacina (vitamina B3). Aunque es esencial para el cuerpo, en concentraciones industriales puede resultar tóxica. Estudios clínicos han vinculado la ingesta elevada de estos productos con casos de hepatitis química, una inflamación aguda del hígado provocada por sustancias sintéticas.
Bebidas que debes limitar para proteger tu salud:
Para prevenir daños permanentes, los especialistas recomiendan evitar o reducir drásticamente el consumo de:
Refrescos y sodas: Por su nulo valor nutricional y exceso de calorías vacías.
Tés dulces y limonadas industriales: Suelen contener niveles de azúcar similares a los refrescos.
Bebidas con jarabe de maíz: Este ingrediente es el principal motor de la acumulación de grasa hepática.
Bebidas deportivas en exceso: Solo recomendadas para atletas de alto rendimiento; en personas sedentarias, el exceso de minerales y vitaminas sobrecarga el órgano.
¿Qué sí puedes tomar?
La mejor alternativa siempre será el agua simple. No obstante, si buscas sabor, el té verde es una excelente opción debido a sus antioxidantes que ayudan a reducir la grasa en el hígado. Las infusiones de jengibre o menta también son aliadas naturales que favorecen la digestión sin comprometer tu salud metabólica.
Fuente: ASSCAT / Estudios Clínicos de Hepatología | © Redacción NoticiasPV