Aunque es popular para perder peso, especialistas advierten que prolongar el ayuno en las primeras horas del día puede sobreestimular el cortisol y provocar síntomas de pánico.
El ayuno intermitente (AI) se ha vuelto una tendencia global para la longevidad; sin embargo, para personas con un sistema nervioso sensible, esta práctica podría ser un «caballo de Troya» metabólico. Expertos en salud advierten que despertar con palpitaciones, sudoración o pensamientos catastróficos podría no ser un problema psicológico, sino una reacción física a la ventana de alimentación.
El impacto del cortisol y la glucosa
Fisiológicamente, el cuerpo inicia el día con el llamado Despertar del Cortisol (CAR) entre las 6:00 y las 9:00 AM. Al no recibir alimento en estas horas críticas, el organismo interpreta la falta de glucosa como una amenaza de supervivencia. Como respuesta, el sistema endocrino libera dosis extra de adrenalina y cortisol, lo que en pacientes con Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se traduce directamente en taquicardia y nerviosismo extremo.
La trampa de la hipoglucemia
La Dra. Uma Naidoo, especialista de Harvard, señala que el cerebro es dependiente de la glucosa. Cuando los niveles de azúcar caen por el ayuno prolongado, se activa el sistema nervioso simpático, mimetizando los síntomas de un ataque de ansiedad clínica. El mareo y la irritabilidad física son interpretados por la mente como angustia emocional, creando un ciclo de malestar difícil de romper.
Recomendaciones para un ayuno seguro
Si decides practicar el ayuno pero sufres de ansiedad, los especialistas sugieren:
Ayuno invertido: Desayunar temprano y dejar de comer al atardecer para respetar el ritmo del cortisol.
Romper el ayuno con proteína: Evitar azúcares o harinas; optar por grasas saludables y fibra.
Evitar el café en ayunas: Tomar café negro con el estómago vacío es un disparador directo de adrenalina que potencia los ataques de pánico.
Fuente: Estudios en Nutrients y Endocrine Reviews | © Redacción NoticiasPV









