Especialistas señalan que la falta de interacción humana directa distorsiona el aprendizaje, altera los ciclos de descanso y fomenta el sedentarismo en menores.
El desarrollo integral en la primera infancia atraviesa etapas determinantes en la adquisición del lenguaje, la concentración y la autorregulación emocional. En este contexto, investigaciones del Observatorio Materno Infantil de la Universidad Iberoamericana advierten sobre los efectos adversos que provoca la exposición temprana y prolongada a dispositivos digitales en niños de corta edad.
De acuerdo con la especialista Mónica Ancira Moreno, el problema central no radica únicamente en el uso del teléfono o la tableta, sino en las actividades esenciales que quedan desplazadas, tales como la convivencia familiar, el juego activo y el descanso. Ningún contenido digital puede sustituir la retroalimentación humana, las gestualidades y las conversaciones reales necesarias para estimular el habla en los menores.
En el ámbito del descanso, la exposición a pantallas —especialmente antes de dormir— altera los ciclos de sueño, lo que se traduce en dificultades de atención, hiperactividad y problemas para gestionar la frustración. Asimismo, el uso de pantallas como método para contener rabietas frena la capacidad de los infantes para desarrollar tolerancia al aburrimiento y creatividad propia.
En materia de salud física, el reemplazo del juego dinámico por el entretenimiento pasivo favorece el sedentarismo y la exposición a publicidad de productos ultraprocesados. Las recomendaciones médicas son contundentes: cero contacto con pantallas en menores de un año, y un límite máximo de una hora diaria entre los dos y cuatro años, priorizando siempre la interacción directa con el entorno.
Fuente: UIB / Agencias | © Redacción NoticiasPV









