La falta de mantenimiento preventivo y el uso rudo han llevado al parque vehicular del Ayuntamiento de Vallarta a un estado crítico; ciudadanos reportan unidades de servicios públicos y seguridad con autopartes sujetas por mecanismos improvisados.
El estado físico de las unidades vehiculares que integran la flota oficial del Ayuntamiento de Puerto Vallarta ha comenzado a generar preocupación y críticas entre la ciudadanía.
Diversos vehículos destinados a tareas operativas, desde patrullas hasta camionetas de servicios públicos, exhiben un deterioro avanzado que compromete no solo la imagen institucional, sino también la seguridad vial en el municipio.
En un recorrido por las principales avenidas y colonias de la ciudad, se ha constatado que el mantenimiento de estas unidades es deficiente.
El problema más evidente se concentra en las partes traseras de los vehículos: defensas desprendidas, calaveras rotas y tapas de batea que son sostenidas por métodos improvisados.
En lugar de reparaciones técnicas, es común observar el uso de cuerdas, alambres e incluso trozos de hule para evitar que las piezas se desprendan totalmente durante la marcha.
Un riesgo para la operatividad para los trabajadores municipales, cuya identidad suele mantenerse en reserva, realizar las rutas diarias se ha convertido en un desafío. El desgaste es atribuible tanto a la antigüedad de los modelos como a la falta de un programa de renovación de flota que sea constante.
Mientras tanto, los «remiendos» temporales se han vuelto la solución permanente para mantener las camionetas en circulación.
Esta situación no solo afecta la eficiencia del trabajo diario, sino que representa un peligro potencial para los vehículos particulares y peatones. Una defensa mal sujetada o una carga mal asegurada por la falta de herrajes adecuados en la parte trasera podría derivar en un accidente de consecuencias mayores en zonas de alto tráfico.
Habitantes de Puerto Vallarta han manifestado su descontento a través de redes sociales, señalando que la falta de inversión en el parque vehicular contrasta con la recaudación municipal.
Los críticos sostienen que las unidades oficiales «están para llorar» y que resulta irónico que en un destino turístico de talla internacional, los vehículos del gobierno den una imagen de abandono.
Hasta el momento, las autoridades competentes no han emitido un reporte detallado sobre el presupuesto destinado a la reparación de estas unidades ni sobre planes de adquisición de nuevo equipo para sustituir a los vehículos que ya han cumplido su vida útil.
Mientras tanto, la flota municipal sigue rodando bajo condiciones precarias, confiando su integridad a la resistencia de un alambre.









