Investigaciones revelan que las suelas del calzado transportan metales pesados como plomo y arsénico, además de bacterias altamente resistentes a medicamentos.
Caminar con zapatos dentro de la vivienda representa un riesgo invisible pero significativo para la salud, debido a la gran cantidad de sustancias tóxicas y agentes patógenos que se arrastran desde la calle. Diversos análisis científicos internacionales, respaldados por especialistas de la UNAM, confirman que el polvo doméstico acumula concentraciones peligrosas de metales pesados y bacterias que se depositan directamente en los suelos donde juegan niños y mascotas.
Estudios enfocados en la calidad del entorno doméstico exponen que las suelas introducen arsénico, cromo, níquel y plomo a las áreas habitables. De hecho, mediciones en ciudades mexicanas como Morelia y la Ciudad de México demostraron que las concentraciones de plomo en el interior de los hogares pueden llegar a duplicar los niveles del exterior, superando por mucho los registros de contaminación habitacional de urbes europeas.
A este panorama químico se suma el factor biológico. Evaluaciones médicas han detectado en el calzado bacterias de alta peligrosidad y resistencia a los antibióticos comunes, incluyendo cepas infecciosas que habitualmente se propagan en entornos hospitalarios. La presencia de estos microorganismos convierte a los pisos en focos potenciales de infección, especialmente para los bebés que gatean y se llevan constantemente las manos a la boca.
Para frenar esta cadena de contaminación, autoridades de ecología y científicos universitarios recomiendan adoptar el hábito de descalzarse inmediatamente al ingresar a la vivienda. Entre las medidas más efectivas destacan designar un espacio exclusivo para el calzado junto al acceso principal, colocar alfombras exteriores, trapear con paños húmedos de microfibra y utilizar aspiradoras con filtros de alta eficiencia para atrapar las micropartículas depositadas.
Fuente: UNAM y Departamento de Ecología de Washington









