El uso de sus hojas en infusión y el consumo del fruto ganan terreno en la medicina complementaria por su capacidad para atacar células malignas sin dañar tejidos sanos.
La ciencia médica y la tradición herbolaria han convergido en el estudio de la guanábana (Annona muricata), una fruta que destaca no solo por su sabor, sino por sus potentes efectos terapéuticos. De acuerdo con especialistas en medicina complementaria, este fruto y sus derivados poseen una capacidad única para combatir células neoplásicas y actuar como un regulador natural de la glucosa, lo que la convierte en una herramienta preventiva y de apoyo para diversas enfermedades crónicas.
El poder de las acetogeninas
El secreto de la guanábana reside en las acetogeninas, compuestos bioactivos que se concentran principalmente en sus hojas. Estas sustancias actúan inhibiendo selectivamente el crecimiento de células cancerígenas en órganos como los pulmones y el estómago. A diferencia de tratamientos agresivos, las acetogeninas bloquean la fuente de energía de las células de crecimiento rápido, provocando su muerte celular sin comprometer la integridad de las células normales del cuerpo.
Un apoyo vital para el paciente diabético
Más allá de sus propiedades antitumorales, la corteza y las hojas de la planta son utilizadas para estabilizar los niveles de glucosa en el torrente sanguíneo. Esta propiedad la sitúa como una opción natural para quienes buscan controlar la diabetes. Además, se ha documentado que el consumo de té de hojas de guanábana mejora la función del hígado y ayuda en el tratamiento de afecciones respiratorias como el asma y la bronquitis.
Uso milenario y recomendaciones actuales
Desde épocas prehispánicas, diversas culturas han aprovechado cada parte de la planta, desde las semillas para combatir parásitos hasta el fruto como astringente para problemas digestivos y reducción de colesterol. Sin embargo, los expertos advierten que su uso debe ser equilibrado y preferentemente bajo orientación profesional, ya que la ingesta excesiva de sus principios activos podría tener repercusiones neurológicas a largo plazo.
Fuente: Dra. Martha Villar, Programa de Medicina Complementaria / Universidad Nacional Mayor de San Marcos | © Redacción NoticiasPV


