La liberación constante de cortisol y malos hábitos derivados de la tensión emocional pueden derivar en hígado graso y resistencia a la insulina.
Aunque comúnmente se asocian las enfermedades hepáticas solo con el consumo de alcohol, la ciencia médica advierte sobre un factor de riesgo silencioso: el estrés prolongado. Cuando el cuerpo vive en un estado de alerta constante, el hígado —el gran laboratorio del organismo— sufre alteraciones metabólicas severas que comprometen su capacidad para desintoxicar el cuerpo y regular la energía.
El principal responsable es el cortisol. Esta hormona, liberada en situaciones de tensión, prepara al cuerpo para la acción, pero su presencia ininterrumpida provoca inflamación sistémica. En el hígado, el exceso de cortisol favorece la acumulación de triglicéridos, elevando drásticamente el riesgo de padecer hígado graso no alcohólico.
El círculo vicioso de la tensión
El impacto del estrés no es solo hormonal; también es conductual. Bajo presión, el ser humano suele recurrir a «mecanismos de escape» que sobrecargan la función hepática:
Mala alimentación: Aumento en el consumo de azúcares, grasas saturadas y ultraprocesados.
Sustancias nocivas: Incremento en la ingesta de alcohol y el uso indiscriminado de fármacos (automedicación).
Falla inmunológica: El estrés debilita las defensas, dejando al hígado vulnerable ante infecciones e inflamaciones preexistentes.
Blindaje Hepático: ¿Cómo revertir el daño?
Para proteger este órgano vital, los especialistas recomiendan un enfoque integral que combine la salud mental con la física:
Gestión de Cortisol: Practicar meditación, yoga o caminatas al aire libre ayuda a estabilizar los niveles hormonales.
Higiene del Sueño: Dormir entre 7 y 8 horas es el único periodo en el que el hígado realiza sus funciones de regeneración celular profunda.
Dieta de Descarga: Priorizar fibras, frutas y verduras para reducir la carga metabólica y evitar la resistencia a la insulina.
Actividad Física: El ejercicio moderado es el método más efectivo para eliminar la grasa acumulada en el tejido hepático.
Reconocer que el bienestar emocional es una pieza clave de la salud física es el primer paso para evitar daños irreversibles en órganos que, como el hígado, no suelen dar señales de dolor hasta que el problema es avanzado.
Fuente: Especialistas en Salud Metabólica y Endocrinología | © Redacción NoticiasPV


