Los retos de gobernar con COVID-19

Por: Jaime Alonso Cuevas Tello

Soy médico de profesión y servidor público por vocación. En el fondo, la misión es la misma. Se trata de dar antes de recibir. Se siente uno llamado a entregarse a los demás. Esa vocación de servicio me exige a cuidar la salud y el bienestar general de todos mis paisanos como Alcalde de Bahía de Banderas, Nayarit.

Sin embargo, ¿Cómo cuidar del prójimo cuando uno enferma?, ¿cuándo uno es el que necesita el apoyo? Recientemente fui diagnosticado con Covid-19. A pesar de seguir perfectamente las medidas de cuidado, considero que la naturaleza activa de mi trabajo, el estar atendiendo mis responsabilidades, me expuso a contraer el virus. Gracias a Dios, hoy he salido adelante, aunque sigo con algunos cuidados. Las lecciones que me ha dejado esta experiencia me acompañarán toda la vida.

Cuando me confirmaron el diagnóstico, pensé de inmediato en mi esposa, en mi familia y en mi equipo de trabajo. También pensé, en lo que veníamos trabajando para cuidar a la gente y reactivar la economía. No dejaba de pensar en el buen ritmo de trabajo en la calle, apoyando a los bahiabandereneses a salir adelante.

Como médico he visto a la muerte a los ojos, así que no sentía miedo, pero claro que se cruzó por mi mente la posibilidad de perder la vida. Las ideas me invadieron de manera violenta, sentí como si un torbellino me envolviera y pareciera que el tiempo se congelaba por un instante. “Doctor debe iniciar la cuarentena correspondiente”, escuché la voz de un colega mío regresándome a la realidad. Decidí aislarme de inmediato.

La fatiga, fue uno de los primeros síntomas que se manifestaron. El dolor de cabeza fue apareciendo poco a poco, hasta que se volvió permanente, el dolor de garganta le siguió. A pesar de que los síntomas se incrementaban, permanecí en contacto con los encargados de todas las áreas del Ayuntamiento coordinando trabajos para no detener la atención a la ciudadanía, para cuidar a la gente y reactivar la economía.

Poco después, la fiebre y la tos comenzaron a tomar más fuerza. Como médico, sabía que estaba por entrar en la etapa más crítica, fue cuando decidí ingresar a una Clínica. Ya en la cama hospitalaria, sentía como cada respiración se hacía más prolongada, una sensación de pesadez en el pecho se volvió parte del día a día; era como si cargara un peso de kilos a la altura del pecho, hundiéndolo en cada exhalación para volver a inhalar tratando de empujar ese peso hacia arriba. Necesitaba ingresar el mayor oxigeno posible. A pesar del dolor, no podía olvidar mi responsabilidad. El trabajo podía detenerse. Pensaba en el programa de vales a los que se quedaron sin empleo, también tenía presentes los miles de apoyos pendientes de entregar. Junto con mi familia y mis compañeros en el Ayuntamiento logramos que no se bajará el ritmo de trabajo.

Para agravar la situación, me llegaron noticias al hospital de que la alerta por la presencia del Huracán Genevieve se extendía a nuestra región. Con el apoyo de mi esposa y con la tecnología, coordinamos acciones de prevención en las zonas más vulnerables de Bahía de Banderas, mantuvimos comunicación constante con los cuerpos de seguridad y trazamos líneas de acción emergentes en caso de que el huracán tocara tierra en Nayarit. Por fortuna, el huracán no llegó. Y también, el estado más agudo de la enfermedad fue pasando. Poco a poco la presión en el pecho se fue aligerando, la respiración comenzó a ser menos dura y mejoró su ritmo. Pocos días después fui dado de alta. Agradezco a mi familia y a mis compañeros del personal médico. Salir del hospital, ver el sol, poder jalar aire de manera profunda, representan una emoción gloriosa. Hoy entiendo más profundamente la alegría de mis pacientes, y sus familiares, cuando uno de ellos recibe el alta médica.

Me siento agradecido con Dios, ahora formo parte de la estadística mundial que ha logrado vencer al Coronavirus. Lamentablemente, cerca de un millón de personas y mas de sesenta mil en nuestro país no lo lograron. Es urgente que todos tomemos conciencia sobre la gravedad de esta situación. La emergencia no ha pasado. Sigamos aplicando las medidas de prevención. No bajemos la guardia. Sé que ya estamos cansados, pero tengamos fe, pronto podremos retomar todas las actividades y volveremos a disfrutar de la vida de la comunidad, de los negocios abiertos al 100%, de las playas más hermosas de México, como Punta Mita en la Riviera Nayarita, así como la calidez de la mejor gente del mundo: los bahiabanderenses.

Termino contándoles algo personal, actualmente al despertar y respirar con profundidad, aparece en mi mente una visión: un Nayarit próspero y seguro que salió de esta crisis fortalecido. Estoy seguro que tenemos un futuro de esperanza y progreso si nos seguimos cuidando, y si al regresar a la actividad normal, trabajamos con ahínco. Todo lo podemos lograr los bahiabanderenses, los nayaritas y los mexicanos cuando nos unimos. Por mi parte, mis paisanos cuentan conmigo. Estoy listo para seguir sirviendo a Nayarit.

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