La prometedora píldora de Merck contra COVID hace que el virus se ‘suicide’

Los otros tratamientos que se encuentran actualmente en el mercado se administran por la vía intravenosa o son inyectados.

elfinanciero.com.mx

El laboratorio de Merck acaba de anunciar hace apenas una semana que están desarrollando una pastilla antiviral, la cual podría reducir a la mitad las muertes y hospitalizaciones por COVID-19. Este medicamento se convertiría en el primero tratamiento para el coronavirus en ser administrado por la vía oral.

De acuerdo con la revista Nature, el medicamento de la referida farmacéutica ocasiona que el virus que causa el SARS-CoV-2 mute hasta autodestruirse por completo.

A diferencia de otros tratamientos que se encuentran actualmente en el mercado y que se administran por la vía intravenosa o son inyectados, el compuesto de Merk se ingiere por la vía oral.

El objetivo de estas pastillas es tratar a los pacientes en una etapa temprana de la enfermedad, provocando de esta manera que sea mucho más fácil y más efectivo. Esto significaría tener un mayor control en la hospitalización, evitando así los desbordes de los mismos.

Sin embrago, todavía se tienen algunas dudas ya que no se sabe con certeza si el éxito del ensayo clínico se podría traducir al mundo real. También se tienen dudas respecto al precio y si este será accesible para todos.

Estados Unidos acordó comprar 1.7 millones de esté medicamento por 1.2 millones de dólares, lo que significaría que el tratamiento tendría el precio de 700 dólares por cinco días, mientras que esto sigue siendo menos costoso que otros tratamientos sigue siendo demasiado costoso en gran parte del mundo.

Por otra parte Merck ha estado llegando a acuerdos en la licencia del fármaco con cinco fabricantes de medicamentos genéricos, estableciendo así una mayor oportunidad de acceso a esté para los países de ingresos bajos y medios.

Aunque se tenga un mayor acceso a esté es posible que no tengan la capacidad de diagnóstico para usarlo correctamente porque es necesario administrarlo en los primeros cinco días después de la aparición de los síntomas.

“Eso requiere que podamos diagnosticar a las personas rápidamente”, dice Rachel Cohen, directora ejecutiva norteamericana de la iniciativa Medicamentos para enfermedades desatendidas. “Para muchos países en desarrollo, e incluso para algunos ricos, eso es en realidad un gran desafío”, concluye.

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