‘El virus es real; por la tos, sentí que la cabeza me explotaría’, narra reportera enferma de COVID-19

A sus 36 años, Arely Melo, reportera de oficio, ha tenido que estar encerrada desde entonces, sola en su departamento, al saber que la emergencia sanitaria se había desatado en cientos de países.
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“Es un virus muy agresivo. Sí existe, sí es real, y la única forma de pararlo es aislándonos”, dice Arely con una respiración que ya le permite hablar luego de un aislamiento voluntario que comenzó el 22 de marzo tras un viaje desde Uganda, África, en el que hizo una escala en Nueva York.

A sus 36 años, Arely Melo, reportera de oficio, ha tenido que estar encerrada desde entonces, sola en su departamento, al saber que la emergencia sanitaria se había desatado en cientos de países.

En el aeropuerto de Nueva York no tuvo ningún control médico, ni revisión de la temperatura, mucho menos llenó algún formulario. Llegando a México “sí me tomaron la temperatura, llené un formulario y la temperatura era normal”.

“Cuando decido aislarme no tenía ningún síntoma, pero sabía que había posibilidades de contagio”, cuenta a El Financiero, en medio de algunos ataques de tos seca, uno de los síntomas de COVID-19.

A los nueve días de aislamiento, comenzó un ardor fuera de lo normal en el ojo izquierdo; “comencé a sentirme muy cansada y con el dolor en el ojo. Era un ardor rarísimo, como si fuera una conjuntivitis. El sábado amanecí con el dolor en la garganta, pero en el transcurso de la tarde ya el dolor era en todo el cuerpo, era generalizado por dentro”.

Según lo describe es como si le recorriera un ácido por todo el cuerpo, además de que un día después ya la temperatura comenzó a subir, y en la garganta había una quemazón.

El domingo por la tarde manda un mensaje al 51515, donde “respondí a unas preguntas, y fue cuando me dijeron que todo indicaba que estaba contagiada, que no saliera. Al día siguiente ya no podía dejar de toser, la cabeza me iba a explotar, me canalizaron con el doctor, me hicieron una revisión escuchando mi respiración y me dijeron que un doctor vendría a revisarme”.

El dolor no ha parado, no ha dormido bien, ha perdido el olfato y por lo tanto, las ganas de comer. “Ese lunes dos doctores vinieron a verme, entre ellos una epidemióloga, me hicieron la prueba y me dieron las instrucciones para revisar mi oxigenación, la temperatura; revisar si mis dolores y la fiebre aumentaban”.

Arely sabe que debe permanecer 14 días más revisando sus niveles, entender cómo reacciona su cuerpo y esperar a que el paracetamol, la única medicina que ha podido consumir, ayude a mermar las molestias. “Es lo único que te recetan cuando tienes un nivel moderado, no quiero ni imaginar cómo serán los otros niveles. Pero sí creo que es terrible no poder consumir algo más que te ayude”, dice Arely resignada.

Para evitar contagio, los siguientes 14 días no podrá moverse de su departamento ni tener contacto con nadie, “pero es lo único que puede salvarnos; quedarse en casa sí es una gran solución”.

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