Chávez júnior no entendió el estilo que traté de enseñarle: Beristáin

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No hubo guerra entre mexicanos sino una extendida decepción. Ningún eco de las sanguinarias batallas del pasado sobre el cuadrilátero. En su lugar, un espectáculo triste que sorprendió a todos al ver a un Saúl Canelo Álvarez castigando sin oposición a un ausente, pasmado, Julio César Chávez hijo. Abajo, el padre del júnior gritaba desesperado que soltara las manos. En la esquina, el entrenador que sería la redención del heredero, Ignacio Beristáin, también daba instrucciones que se perdían en el aire.

Me sorprendió la falta de respuesta del muchacho, admite para La Jornada, a unos minutos de dejar Las Vegas para retomar su trabajo en el gimnasio Romanza, de Ciudad de México. Me sorprendió que planificamos una táctica para la pelea y no se pudo cumplir. Beristáin repasa lo ocurrido en la T-Mobil Arena de Las Vegas y no encuentra otra respuesta distinta a la de que su peleador no tuvo tiempo para asimilar un nuevo estilo de boxeo. Dice que se lo pidieron durante la pelea, pero no hubo manera. Chávez júnior salía en cada episodio a recibir una dosis de humillación calcada del capítulo precedente.

¿Por qué estaba estático? ¿Por qué ni siquiera lanzaba golpes al aire para que al menos aquello pareciera un combate y no una sesión ante un costal de golpeo? No lo saben. Beristáin dice que no se desesperó al ver semejante falta de reacción, pero tampoco se resignó a mirar cómo era expuesto su peleador ante un rival que en esas circunstancias parecía infinitamente superior.

“No es que Canelo sea muy superior”, explica Beristáin; pero el muchacho (Chávez) no pudo desarrollar la técnica que se le pedía en el momento, la velocidad del otro lo hizo perder casi desde el principio la pelea.

Apabullados ante lo inesperado o sorprendidos en todos los cálculos, pues ni Canelo llegó lento como se especuló al subir a los 164.5 libras en las que se pactó el combate, pero tampoco el júnior fue explosivo como suponía su preparador físico. Beristáin, quien ostenta a casi 30 campeones del mundo, explica que trató de enseñarle un estilo de boxeo, pero que Chávez júnior simplemente no lo pudo entender. Es un estilo diferente al que está acostumbrado, pero no es nada del otro mundo, asienta Beristáin; lo que pasa es que en dos meses es imposible exigirle que lo haga correctamente. Era simple, tirar una combinación de golpes y hacerlo perder la distancia, pero no entiende ese tipo de boxeo.

La culpa, entonces, no fue del sacrificio de Chávez hijo para dar el peso ni la presión, que a veces le resulta un fardo, de que lo comparen con su padre, fue algo que parece sutil, pero para Beristáin la única explicación.

“No pudo acomodarse al estilo que le propuse; Canelo Álvarez nos superó de palmo a palmo y, pues, su boxeo fue un poquito más técnico. Fue una pelea de un lado”, analiza.

Este lunes, Beristáin retomará el trabajo a las siete de la mañana en punto. Sin remordimientos por lo ocurrido se despide: Las derrotas no se pueden digerir, menos las que son de esta manera. Mi reputación está intacta. Hice mi trabajo como profesional; garantizo que si Chávez sigue trabajando conmigo mejorará, pero tampoco tengo una varita mágica para cambiar a las personas.

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